El boom automotriz del Bajío mexicano

La industria automotriz de México sigue creciendo pese a las amenazas de Trump

El boom automotriz de los últimos años se nota en las calles del centro de Querétaro Foto: ERICK EMMANUEL ALMANZA FERRER

APASEO EL GRANDE, México - Desde su camión de tacos, Carlos Malagón ha seguido durante meses la construcción de una planta ensambladora de Toyota. Este hombre, de 64 años de edad, vende cuatro tacos de canasta por un dólar y se desplaza con los trabajadores alrededor de este sitio, en el céntrico estado de Guanajuato.

Malagón, alias "el güero Charly", ha atendido a los operadores de equipo pesado que allanan el terreno de seis kilómetros cuadrados, así como a los electricistas que instalan la línea de alta tensión para abastecer de electricidad a Toyota y sus proveedores, una vez que comiencen las operaciones, al final de 2019 o en los primeros meses de 2020.

"Cuando empiece la producción habrá muchos más trabajadores, así que las ventas se duplicarán o se triplicarán", afirmó Malagón, quien suele vender de 200 a 300 tacos por día. De pie, a un lado de la carretera, junto a una mesa de plástico con sillas, dice con una sonrisa: "Este es un buen negocio".

Apaseo el Grande, con 95,000 habitantes, es el más reciente beneficiario de una floreciente industria automotriz en el Bajío ("de tierras bajas"), región tradicionalmente conocida por su actividad agrícola -en un tiempo fue la capital mexicana del ajo- y la constante migración de jóvenes a Estados Unidos.

En las dos últimas décadas, el Bajío ha sido transformado por las plantas automotrices, sus proveedores y los correspondientes servicios. Hay ahora más empleos en autos, metales y plásticos que trabajadores para cubrirlos, aseguran los representantes de la industria.

Esta abundancia de empleo -agregan- ha propiciado que los jóvenes mexicanos permanezcan en su país, en vez de migrar a Estados Unidos, si bien todavía pueden ganar una cantidad de dinero significativamente mayor del otro lado de la frontera.

En los círculos de negocios, los estados del Bajío (Guanajuato, Aguascalientes, San Luis Potosí, Querétaro y Jalisco) constituyen el núcleo del "diamante industrial de México", llamado así por su rápida industrialización.

Sin embargo, los alentadores anuncios de aperturas de plantas en la región -Nissan Motor y Volkswagen AG en 2013, Honda Motor y Mazda Motor en 2014, junto con una gran expansión de Ford Motor Co. con una fábrica de transmisiones el año pasado- se han visto ensombrecidos por las amenazas del presidente Trump en contra del sector automotriz de México y los intentos de su administración de restringir el libre comercio.

Hace casi dos años, justo antes de que Trump tomara posesión, Ford canceló una planta en San Luis Potosí por un valor de 1,600 millones de dólares, enviando una especie de ondas telúricas a lo largo de la región, donde el mensaje se interpretó, al menos parcialmente, como un movimiento político.

Trump ha dicho que si la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) no llega a buen término, él está listo para la salida de Estados Unidos. Eso le permitiría a su país aplicar aranceles a productos mexicanos como los automóviles.

Toyota provocó otro susto en octubre 2017, cuando redujó la inversión prevista en la planta de Apaseo el Grande a un monto de 700 milliones de dólares desde los mil millones de dólares originales, además de reducir la capacidad futura de dichas instalaciones a la mitad, a 100,000 vehículos anuales.

La planta de motores de Volkswagen en Silao, Guanajuato, inaugurada en 2013, fue una de las primeras de la ola reciente de plantas automotrices en el Bajío. Foto: ERICK EMMANUEL ALMANZA FERRER

Seguir adelante

En los meses después, se calmó el pánico inicial entre algunos participantes de la industria automotriz. Ford tenía motivos, más allá de los políticos, para cancelar su planta, en tanto que Toyota ha renovado su promesa de expandir la producción mexicana y, por último, continúan las negociaciones del TLCAN.

"Creo que hemos sido muy claros al hablar con nuestros contactos en México, tanto a nivel local como federal,  el compromiso de Toyota con el país a largo plazo sigue siendo firme", declaró a Automotive News el presidente de Toyota de México, Mike Bafan, quien es también presidente de Toyota Motor Manufacturing de Baja California, que acaba de ampliar su capacidad en las instalaciones de Tijuana.

La planta de Apaseo, al igual que la de Tijuana, ensamblará la camioneta mediana Tacoma. Si Estados Unidos se retira del TLCAN, a las pickups se les aplicará un arancel de 25 por ciento, en comparación con tan solo 2.5 por ciento para los autos y SUVs.

No obstante lo anterior, las empresas automotrices siguen adelante en México y el panorama se ha mejorado con los avances en las negociaciones del tratado. Una joint venture entre Infiniti y Mercedes en Aguascalientes, está comenzando la producción, mientras que BMW mantiene su plan de abrir en 2019 su primera planta mexicana, en San Luis Potosí.

De acuerdo con cálculos de la industria, una vez que estas instalaciones operen a toda su capacidad, al Bajío le podría corresponder la mitad de la producción nacional, es decir, 5 millones de vehículos anuales hacia finales de 2020, contra alrededor de 40 por ciento actualmente.

"Considero que, con excepción de Ford, todas las compañías automotrices continuarán con sus proyectos de crecimiento y expansión", afirmó en entrevista Alfredo Arzola, director del Cluster Automotriz de Guanajuato, que abarca fabricantes y proveedores de vehículos.

Y agregó: "Hacer negocios con Estados Unidos, con o sin el TLCAN, es algo natural. La necesidad de comprarle a México autopartes y vehículos es algo natural. Estados Unidos tiene un déficit [en productos automotrices] que no puede subsanar por sí solo".

Trabajadores preparan el terreno para la planta de Toyota en Apaseo el Grande, la cual se construye para que la producción de camionetas Tacoma comience en un par de años. Foto: ERICK EMMANUEL ALMANZA FERRER

Auge automotriz

Aun antes de que entrara en vigor el TLCAN, hace 25 años, el centro de México estaba ganándose la reputación como una alternativa a los clústeres automotrices establecidos cerca de la capital del país y a lo largo de la frontera norte.

Nissan, por ejemplo, abrió en 1982 su primera planta del Bajío, en la capital de Aguascalientes. Poco tiempo después de que entrara en vigor el TLCAN, en 1994, GM desplazó la producción de pickups de la saturada Ciudad de México a Silao, Guanajuato, y Honda se estableció en El Salto, Jalisco, para producir su popular sedán Accord. Y en 2008 GM agregó otra planta ensambladora en San Luis Potosí.

Guillermo Romero Pacheco, secretario de Desarrollo Económico Sustentable del Gobierno del Estado de Guanajuato, aseguró que el movimiento de GM marcó un antes y un después para el estado, que fue por todo para atraer inversión extranjera a raíz del TLCAN.

El entonces gobernador de la entidad, Vicente Fox, un empresario a favor del tratado comercial y quien posteriormente asumió la Presidencia de México, promovió la creación de un clúster automotriz para que se uniera a la industria zapatera, la minería y la agricultura como los motores económicos.

Además de incentivos financieros para atraer a los fabricantes extranjeros, Guanajuato y otros estados ofrecieron programas de capacitación laboral a la medida de las necesidades de cada empresa. El Bajío puso también a su disposición una considerable fuerza laboral, similar a la del norte de México, que ya se había industrializado.

Asimismo, la logística favorece a la región, asentada en el cruce de las dos principales vías ferroviarias del país, con acceso a los puertos del Pacífico y las costas del Golfo de México.

Los fabricantes de automóviles japoneses fueron moviendo más producción a Norteamérica para estar más cerca de sus clientes, y el Bajío se preparó con terrenos, trabajadores, incentivos y capacitación.

Según explicó Romero, aproximadamente una cuarta parte de los 250,000 empleos generados en Guanajuato de 2012 a finales de 2017,  correspondieron al sector automotriz. Otra cuarta parte provino de otras industrias, y esas cifras no incluyen los empleos indirectos de la industria automotriz, tales como el ejército de vendedores de comida que operan pequeños negocios familiares en Apaseo, como es el caso de Malagón.

Como resultado, de acuerdo a datos oficiales, ha habido una disminución en el índice de pobreza extrema, un aumento en el ingreso familiar y, en palabras de Romero, "muchos, muchos empleos".

Los trabajadores del área están de acuerdo, aunque con una advertencia. Según dicen, los fabricantes automotrices, sus proveedores y las industrias relacionadas, como la metalmecánica, están haciendo contrataciones constantemente, pero eso se debe a que los salarios están por los suelos y hay una alta tasa de rotación de personal.

Estatua en Apaseo el Grande. Foto: ERICK EMMANUEL ALMANZA FERRER

Salarios bajos

En una planta automotriz de Silao, un grupo de hombres, en su mayoría jóvenes, que se preparaban para el cambio de turno, criticaron de manera unánime los bajos salarios. Aseguraron que el salario neto para diversos empleos en esta industria rara vez pasa de 70 dólares semanales, a menos que se trabajen horas extra, en cuyo caso los trabajadores terminan exhaustos. Los hombres solicitaron no revelar sus nombres por temor a perder las oportunidades laborales.

Algunos manifestaron su resentimiento por el hecho de que los propietarios extranjeros de las plantas les ofrecen salarios en México apenas para sobrevivir, mientras que las condiciones en sus países de origen son mucho mejores. Uno de ellos sugirió que si el salario se elevara a 100 dólares semanales se reduciría la rotación y habría una mejora significativa en las condiciones de vida de sus familias.

Romero aseguró que los trabajadores suelen omitir los impuestos y el costo de las prestaciones, tales como las contribuciones de los empleados al fondo subsidiado para la vivienda, un fondo de becas y un bono obligatorio, equivalente como mínimo a un salario mensual, a finales de año.

Las cifras oficiales, agregó, muestran que un trabajador automotriz del nivel bajo recibe en promedio 7,500 dólares anuales en salarios y prestaciones, o aproximadamente 140 dólares semanales. No obstante, las autoridades reconocen que la rotación es un problema serio y esperan que los salarios mejoren una vez que la industria madure y los trabajadores adquieran más habilidades.

Para Apaseo el Grande, la llegada de Toyota representa un paso adelante entre las industrias metalmecánica, de plástico y de cerámica que se han asentado en la ciudad hasta la fecha, afirmó Jorge Oliveros, director de Desarrollo Económico Sustentable del municipio. "Es positivo que se establezca una empresa que ofrece mejores prestaciones, mejores salarios y un mejor nivel de vida, porque esto provoca que la competencia mejore también sus condiciones laborales", agregó.

Claro que Oliveros tiene expectativas mucho más elevadas para su comunidad, más allá de la abundancia de empleos para obreros. La actividad económica genera también oportunidades para que los emprendedores abran restaurantes, hoteles y compañías de transporte. Y comentó que el municipio ya conecta a la planta con servicios locales como los de limpieza y seguridad.

E incluso los trabajadores de la fábrica pueden ascender en el escalafón de la empresa participando en los programas de capacitación que se imparten en las escuelas técnicas y en una universidad anexa recientemente establecida en la localidad.

Llegará el día en que Apaseo pueda elegir a qué empresas invitar para que sean parte de su pujante futuro. "Hoy nos complace recibir a las compañías que desean invertir aquí, en Apaseo el Grande", dijo Oliveros. "Pero tenemos también el privilegio de decirles a esas compañías que no simplemente vengan e inviertan, porque anhelamos igualmente una vida sustentable para nuestra gente".

Puede contactar a Laurence Iliff en liliff@crain.com

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